Pasaba por ahi

Alguien me contó una vez que si tuviese que escribir un libro de memorias lo titularía Pasaba por ahi. ¿Por que?

Porque afirmaba que todas las cosas importantes que hizo y en las que participó en su vida se le presentaron como oportunidades simplemente por estar "en el momento y lugar adecuados".

Yo creo que era un planteamiento que si bien, no estaba exento de cierto romanticismo, servía para cubrir esa papeleta por la cual parace un crimen reconocer la propia grandeza y se tiende a sepultar los más mínimos atisbos de vanidad, en una montaña de oportunas casualidades.

En cualquier caso esa biografía no existe y si algún dia ve la luz, será desde la artificilidad del narrador en tercera persona, o quien sabe, si tal vez la magia de la palabra escrita rescate la voz de su protagonista.

Tal vez esta Primera nota me impulse algún dia a llevar este proyecto a cabo. Mientras tanto me contento con usar ese Pasaba por ahi como un homenaje, un recuerdo, y sobre todo una invitación a soñar.

sábado, 4 de abril de 2015

POMEZ.....O LA DRESGRACIA DE UN JOVEN LLAMADO KUNTA





Muchas veces he pensado que mi vida será mucho más fácil si hubiese nacido en otra época. 

Y lo digo después de darme una eterna ducha de agua caliente; secarme el pelo a una velocidad de vértigo gracias a la mágica combinación entre aire caliente a toda potencia y la también potencia de la electricidad; lo digo y - mas increíble aún lo comparto -sentada frente a un ordenador que me permite ponerme en contacto con el mundo en tiempo real, absorber conocimiento y comunicarme como nunca lo he hecho; de forma instantánea como también lo permite mi Smartphone con el que hablo con mis múltiples amigos de Antananarivo con una calidad y una cercanía que me permite casi tocarles gracias a las apps que el mercado ofrece de forma totalmente gratuita. Y aún así, y no sé si a pesar o por causa de todo esto, recupero esta idea de "cualquier tiempo pasado fue mejor", mientras veo los decorados de cartón piedra y las estancias iluminadas con antorchas de Cleopatra - una película que, por cierto, considero debería verse cada Semana Santa. 

Y es que siento que esta orgía de facilidades y opciones nos convierten en esclavos de una sociedad cada vez más exigente con uno mismo y los demás. 

Nos matamos por ser las más bellas y esbeltas. Nos exigimos ser las mejores y tener lo mejor y nos convertimos en víctimas de unas auto exigencias para agradar al otro, que en ocasiones ponen en riesgo nuestra propia integridad. 

Esto último me ha llevado a recordar en este Sábado de Gloria la historia de uno de los mayores mártires de la coquetería, cuyo sacrificio además fue doble por ser su verdadera historia silenciada en pos en una "educación políticamente correcta", en la que narrar el valor de la inclusión y los padecimientos de los esclavos, parecía más importante que prevenir a los adolescentes sobre lo pernicioso de esforzarse en demasía por agradar a nuestros potenciales amores. 

Pero hoy estamos aquí para hacer justa narración de la autentica historia del joven Kunta, cuya pérdida fue el gran complejo que le hacían sentir sus poco agraciados pies. 

Muchacho trabajador y soñador, el joven Kunta anhelaba encontrar el amor verdadero, pero su anhelo era a la vez su mayor pánico ya que asumía que cuando cualquier joven contemplase de cerca el horrible aspecto de sus pezuñas saldría corriendo por la selva para jamás regresar. Aún así, tenía esperanza y su corazón estaba rebosante de ilusión y candor.   

Llegó el gran momento en el de después de tres meses de correspondencia por señales de humo con una muchachita de la aldea de al lado, con la que, a pesar de no haberse visto jamás, sintió una profunda conexión, ambos jóvenes decidieron encontrarse en el cocotero que pillaba en medio de ambas aldeas y con la altura suficiente para protegerles de los hambrientos tigres. 

Días antes de la cita y ya azorado ante el encuentro de la seguro encantadora dama, acudió Kunta a su sabía madre Benancia (de origen castellano, pero que se había integrado en la tribu tras encallar un carguero español en la isla y ser ella poseída por todos los varones de la aldea). 

Como buena hembra castellana, Benancia era mujer coqueta y sabiamente le hablo a su joven hijo (uno de tantos, en realidad, ya que concibió un churumbel con todos y cada uno de sus amantes que sumaban la friolera de 126 maromos). La castellana expuso al pequeño:

-" Mi querido niño. Jamás vi rapaz tan alicaído por el aspecto de sus pies. Cosa extraña es en mancebo tal preocupación, cuando estos padecimientos son más propios del género fémino. Ya que las zagalas como nós somos maniáticas, desagradecidas y sobre todo crédulas en nuestro propio detrimento, porque no alcanzamos a entender que aquello de que existan mujeres con los pies perfectos y sin ningún tipo de malformación es simple y necia quimera".-

El joven Kunta, a pesar de que se había perdido por la extraña forma de hablar de su madre centró toda su atención cuando la mujer parecía iba a empezar, por fin, a enumerar los posibles remedios a su mal: 

- "Si bien todo lo anterior hijo mio, te diré que son varios los enmiendos para acabar con los lastres podológicos. Comenzaré por tanto a juglearte las opciones que otrora tu madre usaba en las tierras de Castilla, concluyendo la glosa, con el que sin duda considero el tesoro mayor y que descubrí, por bendición del gran Rodrigo - mi extinto marido -  y la Gloriosa Providencia que hizo que nuestro barco encallara y que los tiburones degustaran al castellano, dejándome a mi a salvo en vuesa orilla.     

Entre los remedios caseros de allende el castillo castellano en el que moraba con Rodrigo yo acudía en mi adolescencia, a ciertos preparados de nuestra aya Birgitta, de la lontana región noruega de Austlandet. 

Consistentes en espesas cremas, que según narraba la lozana rubia, eran famosas entre las mozas de su país, Birgitta aplicaba cada noche con diligencia el preparado con olor a alcanfor y me dejaba sumida con el masaje de sus recias manos en el más manso de los sueños. El problema acaecía cada mañana cuando yo inconsciente  había olvidado que mis salerosas zarpas aún luchaban por absorber la consistente pasta. Junto con la incomodidad de dejar mis sábanas colmadas de una extraña huella de  "manteca" y olor a linimento, lo peor era, sin duda, el momento en que el corazón salía de mi generoso pecho, cuando al entrar en la moderna ducha que Rodrigo hizo instalar para mi en el castillo, veía mi vida pasar ante la perspectiva de la leche que me iba a pegar del resbalón que provocaba la disolución de la grasuca ya mencionada, al contacto con el agua. 

El quinto día consecutivo que aquesto acaeció Rodrigo decidió desterrar a Birgitta, montándola en una burra y abandonándola a su suerte, junto con los cinco hijos ilegítimos que la descocada noruega había tenido con el señor del castillo, que por ende respondía al nombre de Rodrigo, A.K.A "mi marido". 

Acudí entonces por propia iniciativa al herrero del pueblo que creó para mi un utensilio, para raspar mis durezas, consistente en un largo palo que terminaba con una recia lima al final. El dolor no compensaba el esfuerzo. Como tampoco compensaba el tratamiento revolucionario al que intenté someterme en un par de ocasiones permitiendo que las percas del río que bordeaba muestras tierras dieran cuenta de las imperfecciones de mis pies. No tardé en comprender que la perca no entiende de durezas cuando de hambre se trata y después de perder dos dedos, decidí que mi problema no tendría remedio". 

En este punto de la narración Benancia, dio un puntapié al joven Kunta, que había caído en un profundo sopor ante lo profuso e inútil del discurso de su madre. 

- "Pero entonces mi querido niño, el destino me trajo a vosotros y el brujo de la aldea, padre de tu hermano Kinder- me habló de la gran piedra que se hallaba en la cima de la montaña". 

Por fin Kunta vio que la solución se acercaba y ahora sí, se propuso llevar a cabo una escucha activa.

La gran Benancia en un inusitado ejercicio de síntesis le hablo de la piedra milagrosa y le dijo como hacerse con ella. 

Y así, en vísperas de su encuentro Kunta vistió su mejor taparrabos, se hizo un par de agujeros nuevos en la nariz que decoró con ramas de bambú y tal y como le recomendara su madre viajó a lo alto de la montaña en busca de la piedra milagrosa Phojmess (en suajili) que le ayudaría a tener un aspecto reluciente. 

Emocionado Kunta tras la expedición a la montaña, se metió en su cabaña como último "arreglo" previo a su cita romántica y frotó y frotó, mientras distraído pensaba en su futuro junto a la intrigante Kinuka (así se llamaba la muchacha). El desastre fue que tanto se emocionó y tanto frotó que al cabo de tres horas no había reparado en que se había limado tanto el pie que había llegado al punto de seccionárselo.  

Sin poder salir de su asombro...Kunta rompió a llorar, fue incapaz de acudir a la cita y quedó como un hombre solitario y cojo para el resto de sus días. 

Dice la leyenda que rota de amor por el plantón la bella Kinuka se enroló en una galera francesa, en la que desahogo su dolor con todos los miembros de la tripulación. Mientras, un solitario pero sabio Kunta, aprendió una lección impagable, la que le enseñó que cada ser humano es único e irrepetible y que son precisamente nuestras "imperfecciones" las que pueden convertirse en la piedra de toque que conquiste el corazón de quienes la vida nos tenga reservada. 

Así supo ver al cojo y achacoso Kunta, una joven albina de la tribu Himba, que con su aspecto distintivo entre tanto negro y su metro y treinta centímetros, hizo las mieles de aquel cojito y escuálido zulú de pie feo (el que le quedaba...) pero preciosa sonrisa (a pesar de faltarle la mayoría de los dientes). Pero como dijo la bella esposa el día del enlace: 

Lo que me enamora de tí mi adorado Kunta es que mi corazón sonrie, cuando tu lo haces con tu mirada.

2 comentarios:

  1. CONFIESO que en algún momento de mi vida he sido esclava de la sociedad‎, me he puesto ésto o aquello solo por intentar agradar a mi "futurible" "peoresnada" y me he emperrado en comprar algo que ni necesitaba ni me gustaba tanto pero, según decían algunos gurús de la moda y actualidad, había que tener...CONFIESO que yo, al igual que Kunta, me he perdido completamente entre tanta verborrea barata de Benancia y, lo mejor, CONFIESO que la historia de amor entre Kunta e Ibina me ha encantado pero, la última frase de esta entrada Srita. Swan, me ha derretido por completo el corazón... ‎

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  2. Todos hemos sido y somos Kunta demasiado a menudo. Lo importante es que la autora y otros cuantos seres, al menos somos conscientes de ello. Con un poco de suerte mas rectificaremos antes de auto lesionarnos o algo peor..... O eso espero.

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