Pasaba por ahi

Alguien me contó una vez que si tuviese que escribir un libro de memorias lo titularía Pasaba por ahi. ¿Por que?

Porque afirmaba que todas las cosas importantes que hizo y en las que participó en su vida se le presentaron como oportunidades simplemente por estar "en el momento y lugar adecuados".

Yo creo que era un planteamiento que si bien, no estaba exento de cierto romanticismo, servía para cubrir esa papeleta por la cual parace un crimen reconocer la propia grandeza y se tiende a sepultar los más mínimos atisbos de vanidad, en una montaña de oportunas casualidades.

En cualquier caso esa biografía no existe y si algún dia ve la luz, será desde la artificilidad del narrador en tercera persona, o quien sabe, si tal vez la magia de la palabra escrita rescate la voz de su protagonista.

Tal vez esta Primera nota me impulse algún dia a llevar este proyecto a cabo. Mientras tanto me contento con usar ese Pasaba por ahi como un homenaje, un recuerdo, y sobre todo una invitación a soñar.

sábado, 10 de marzo de 2012

RELATO DE VIAJE

Dentro de poco serán las siete de la tarde. Desde donde estoy puedo oír a la gente en la calle, cientos de personas me esperan mientras yo aguardo impaciente a que las puertas de madera se abran para que pueda acariciarme la luz del sol. Llevo un año esperando este momento, mi momento. Este es mi pequeño paseo, mi viaje particular aunque a la vez compartido con un montón de extraños.

No soy capaz de recordar cuantos años llevo haciendo esto, cada vez lo mismo, un ritual que me sitúa en un escenario acotado, con la escenografía magnífica de las calles de la ciudad. Aunque no todas, porque como en cualquier teatro: el espacio, el tiempo y el mundo real, al que recuerda, acaban por ser “falsas realidades”, construidas por y para la escena y que la convierte, a su vez, en una pequeña jaula en la que los actores se mueven. Ese soy yo, un actor que solo cuenta con una representación al año para dar lo mejor de si y disfrutar al máximo de si mismo y del público que le acaricia y le admira. Estoy preparado y dispuesto a vivir este momento al máximo.

El sol luce esta tarde. Brisa, esperanza, ilusión y sobre todo muchísimo trabajo. Carreras, sonrisas cómplices y un reloj que pronto dará las siete. Por mi parte todo preparado: cabeza, corazón, espíritu y una promesa.

La gente a mí alrededor se mueve con rapidez y puedo ver en sus rostros cierto aire de nerviosismo. Sé que para ellos también hoy es un día importante, que han estado esperando y preparando durante mucho tiempo, pero siempre he querido saber si son realmente conscientes de lo que todo esto significa para mí. Muchas noches sueño que emprendo este viaje yo solo, sin todos ellos, e incluso alguna noche he llegado a derribar en mi mente esos “decorados” que me esperan, creando otros más abiertos, y sobre todo diferentes. Aunque siempre termino por regresar, porque se que en el fondo no sería lo mismo, y pienso, no se si con convicción o como un simple mecanismo de defensa, que no lo disfrutaría tanto. Mi sacrificio supone disponer tan solo de un día, pero creo que no tendría el valor de cambiarlo por la sensación de libertad que me pudieran ofrecer todos esos paisajes que proyecto en mi mente.. Es paradójico, pero de algún modo la tradición me ha convertido en esclavo de mi libertad.

Tañido de campanas: ding, dong, ding, dong y…siete toques secos. Adelante. Estoy listo, todos los estamos. A partir de ahora todo se verá distinto. Ya no hay marcha atrás y casi no puedo con los nervios, pero mi voluntad me ha traído hasta aquí y confió en ella para poder seguir adelante. Es mi primera vez y eso hace que la responsabilidad pese como una losa, pero se que voy a vivir uno de los grandes momentos de mi vida. Quiero creer que el miedo que me invade no es por falta de determinación, sino por el peso de la responsabilidad, pero la amenaza del dolor, del fracaso, el miedo en definitiva a rendirse esta en todos nosotros, aunque ninguno nos podemos permitir el confesarlo en este momento.

Es la hora, por fin las puertas se abren lentamente. Ilusión y cierto pudor se están apoderando de mi. Creo que por más años que pasen nunca podré conseguir evitar estas sensaciones cuando todo comienza. Espero que haga un poco de brisa. Cuando sopla el viento a veces el pelo me roza la cara y siento como la ropa se remueve y refresca sobre mi piel. Es distinto a lo que vivo el resto del año, donde esa calma rutinaria y el claro oscuro de mi casa a veces pesan demasiado. Estoy enfermo de deseo por encontrarme de frente con la brisa, el sol, y sobre todo el cielo, ese cielo que no perdona y que te hace sentir parte de algo inmenso. Me parece reconocer mi propia euforia, la inyección de vida que me da el aire libre, en los rostros de la gente que me observa cuando empieza mi aventura. Sobre todo en aquellos que se dirigen a mi con una devoción que te llega tan de verdad que me hace sentir muy pequeño entre ellos. También están los más nuevos que se acercan a mi desde la curiosidad, que a veces  se torna en casi perplejidad. Estos últimos son, tal vez, los que mas me intimidan porque tengo la sensación de que con sus miradas son capaces de atravesarme y llegar a estos pensamientos demasiado contradictorios para ser confesados.

            Un, dos tres. Todos juntos vamos, vamos. Silencio. Todo ha comenzado


Parece que este año hay más gente que nunca. Ya hemos salido de casa y nos adentramos por una pequeña callejuela donde la gente se abarrota. Es uno de mis momentos favoritos, porque puedo sentirlos muy cerca. Algunos incluso llegan a rozarme y la sensación es maravillosa.

             
Despacito. Ella está justo detrás de nosotros. La gente esta ahí fuera, puedo sentirla aunque no les veo. Apretados, cansados de esperar pero impresionados. Muchos no entienden que nos pasa por la cabeza para embarcarnos en una aventura como esta, algunos, incluso, se sienten escandalizados.


Parece que nos hemos detenido. Hay mucha gente delante de mí, mirándome en silencio. Les veo perfectamente aunque ellos creen que soy ciego. Ciego, sordo, mudo y en definitiva vacío. Pero no es así. El cálido sol de abril y la brisa; sus miradas de amor; sus lágrimas y su respeto sumergen de forma brutal mi piel acartonada en la vida, hasta el punto de que a veces no puedo soportar el pensar como acabará todo. Las ligaduras aprietan  hoy más que nunca. Forman parte de mí, pero hoy es el único día en el que de verdad me convierten en un esclavo. La ceremonia no deja sitio a la sorpresa, o a los sueños. A una libertad verdadera.

Continua la marcha y la luz cambiante me hace llegar a uno de mis momentos favoritos. El sol ha ido cayendo mientras avanzábamos y ahora lo tengo justo a la altura de los ojos. No puedo ver nada, así que en este momento me he acostumbrado a cerrar los ojos y a dibujar en mi mente lo que viene después.  

            Estoy cansado, el cuerpo empieza a quejarse pero no estoy solo. Adelante.

Se que no queda mucho y que pronto todo habrá terminado. Aunque mi cuerpo está totalmente exhausto, mi corazón y mi alma querrían que este momento durara para siempre. Nunca he sentido tanta energía y se que hay mucha gente que piensa en mi con espanto y compasión. Eso me hace sentir aún más fuerte. Porque nunca sabrán lo que es esto y en que te convierte. No volveré a ser el mismo gracias a esta cárcel de madera, piedra sudor y dolor que me ha convertido en el hombre más libre del mundo.  


La noche es ya nuestra compañera. Han pasado varias horas, aunque tengo la sensación de que cada año todo pasa más rápido. El tiempo en libertad se marcha con más intensidad y prisa que ningún otro y te llena de una forma tan distinta, que a veces, no se como enfrentarme a mis propios sentimientos.

He llegado a pensar sino sería mejor no tener este momento, ya que luego es muy duro volver a una rutina, a la que necesito volver a acostumbrarme, y que aunque se que disfrutaré, es tan distinta de este día que asusta. Concentrado en estos pensamientos no he reparado en que estamos retornando a nuestro punto de partida. Un lugar que ahora se ve con una oscuridad íntima y bellísima y que anticipa la proximidad de mi casa. Es muy tarde, pero todavía hay gente en  la calle. Gente que viene a despedirse de mi. Todo ha terminado. Las puertas se han cerrado tras nosotros y mis hermanos se esmeran por devolverme al altar mayor de la iglesia, mi hogar.

Termino la procesión del Viernes Santo y con ella mis tres horas de homenaje, paseo y libertad. Han sido muchas emociones para un solo día, así que ahora descansaré  para esperar desde mañana con ilusión la próxima Semana Santa.


Hemos llegado. No he podido evitar echarme a llorar al verme liberado. Son demasiados sentimientos encontrados. En realidad todos nos sentimos de una forma parecida. Pero..... ¿Cómo se sentirá él?





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