Bella en tiempos, ahora luce desgastada.
Se ha puesto para la fiesta un modelo neutro y poco original, reuniendo prendas que llevan en su armario demasiado tiempo: un pantalón vaquero de color azul lavado a la piedra, un jersey verde y una camiseta blanca de manga larga que asoma tímida por el cuello y las mangas del jersey. Ni una joya. Nada de maquillaje. Lleva la cara lavada. No se ha acordado siquiera de darse un poco de crema hidratante en el rostro al salir de la ducha y ahora tiene la piel tirante y con una incómoda sensación de suciedad que le hace sentirse más insegura aún.
El pelo, que hace unos años, era de un negro casi insultante, ahora aparece entreverado, descubriendo más tormentos que experiencias vitales. Son canas regadas con lágrimas de parálisis e impotencia, que le recuerdan como ha dejado que la vida se le escurra entre los dedos. Implacables porque sabe que las ha pintado ella misma, con arrepentimientos, pasos atrás, temores y huidas.
Sus vetas blancas parecen querer escapar hoy de su melena, zafándose en un peinado mal hecho. Una suerte de coleta que habla de una persona que se ha rendido. Un peinado no apto para quien pasó años luchando, enredada en miedo, disfrazado de frivolidad barata. Esta pretendida ligereza la alimentó como una droga durante años.
Juerga, copas, noches que se encadenaban con los días, como lo hacían los hombres, que no tenían nada que ofrecer. Pero, ¿a caso tenía ella algo que ofrecer siquiera a si misma? Sus noches de insomnio, nicotina y sábanas impregnadas de un olor dulzón y penetrante se le han venido encima de una sola vez.
Y en el entorno en el que se encuentra ahora: una fiesta llena de niños, con gritos, carreras, risas, papel de envolver arrugado en el suelo, juguetes y ganchitos bañados en Fanta de naranja, el contraste es brutal.
Esa inercia vital de la que se alimentaba y que usaba para esconderse de si misma y los demás ya no hace efecto. La ha consumido y ha dejado solo el vacío. No mas diversión. No mas evasión.
Su mirada ha perdido la luz. Los ojos se ven opacos. Ya casi nunca se mira al espejo. No se atreve porque en el fondo se sabe responsable última de su destino. Pero no se lo reconoce a si misma la mayor parte del tiempo, simplemente es algo que no le gusta hacer, pero no se molesta en plantearse porque ya no puede soportar su propia imagen en el espejo........
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