Sibila pasó todo el día ausente, analizando una y otra vez que le había movido a comportarse así en aquel ascensor ante un completo desconocido.
No lo entendía, no era una forma habitual de actuar en una persona como ella. Pero aún así, estaba tranquila y llena de una portentosa y nueva energía. Su espíritu estaba inquieto y sonriente, y su cuerpo....Eso era lo que más trastocada la tenía. Sentía cada centímetro de su piel como nunca lo había sentido. Era muy consciente de sus manos, sus contornos, su olor, y sentía una energía sexual saliendo de cada poro que casi le causaba pudor.
Un hombre al que no conozco de nada en absoluto; el más fugaz de los encuentros ¿y me siento así? ¿Que me está pasando? ¿Quien es él?
Todas estas preguntas se agolpaban en su cabeza, empujando el nudo que tenía en el estómago. Por desgracia, tardaría todavía Sibila en conocer a fondo y de primera mano al objeto de su obsesión. Vaporetto, un dandy con corazón de peluche.
Sibila no sabía aún que Vaporetto había pasado una infancia nómada y muy dura que le privó de establecer los lazos afectivos que forjan los niños, ayudando a definir en lo que se convertirán.
Su firmeza al caminar, contrasta con la costumbre de andar con la cara baja, cuando cruza los pasillos solo. En cambio, cuando alguien le acompaña, charla animadamente con una voz contundente, que muestra seguridad en si mismo, y que interrumpe, con frecuencia, con una risa seductora y sincera, como muestran sus ojos, que se iluminan.
De vestir atrevido pero siempre impecable, cuida cada detalle desde la combinación de colores, los materiales de sus trajes, sus zapatos- siempre relucientes- o su fragancia. Da igual que sean las siete de la mañana o las ocho de la tarde. Su aspecto siempre es fresco y limpio.
Este caparazón tan perfecto, protege a un hombre que cierra cada noche los ojos, satisfecho. Siente que vive su momento de madurez personal y profesional, tras una dura carrera de obstáculos. Un hombre hecho así mismo, que aprendió desde muy joven a forjar su propio destino con trabajo duro, constancia, lealtad y respeto.
Estos valores le han acompañado desde sus 14 años, cuando un joven Vaporetto se enroló en un atunero argentino para sacar adelante a un padre estricto - militar retirado - y a una madre resignada, pero fiel al hombre que la desfloró y que le concedió el mayor de los regalos.
En el embravecido mar, aprendió Vaporetto a fijar los pies con firmeza sobre el suelo que le sostiene, y así paso a paso y con frialdad para los negocios, pasó de marinero novato a dueño de su propia flota en el corto periodo de 6 años.
Fueron años muy duros, pero aún así, sus mente viaja a menudo a aquel camarote y por momentos puede sentir el sabor salado del mar en sus labios.
Cuando esto ocurre, tampoco puede evitar recordar a la joven Naomi, su primer amor. Una balinesa madura pero de piel casi adolescente y mirada profunda, que supo enseñar a Vaporetto las más delicadas técnicas para satisfacer a la mujer, y que le dio el mejor de los consejos: Empieza por seducir su mente con ternura, un toque de misterio y muchísimo respeto y deja que ella te abran su cuerpo. Riega con firmeza tu camino y se mostrará ante ti la amante salvaje, entregada y desinhibida que ni siquiera ella sabe que llevan dentro.
Siempre agradecería a Naomi esas noches de sexo y conversaciones, que casi eran conferencias sobre la vida, el amor y el arte de la seducción. Ni uno de sus consejos le había fallado, pero aún así, Vaporetto no sentía haber encontrado el amor verdadero...todavía.
En su lugar se centró en sus negocios, actividad que "accidentalmente" compatibilizó con una doble vida al servicio de la paz mundial, desde una noche que fue contactado por una agencia de seguridad internacional, mientras degustaba una frugal cena, a base de carne poco hecha y patatas souflé en Le Baratin, de París.
Ese fue otro de los momentos que marcó la vida de Vaporetto y que le llevaría a viajar por todo el mundo y le convertiría en un maestro en la técnica del asesinato rápido, silencioso y usando solo el pulgar.
Pero aquella época ya formaba parte de su pasado, y ahora, de vuelta en su ciudad natal, se enfrentaba a una nueva etapa profesional algo mas "tranquila" al frente del mayor gigante petrolífero del mundo. En una estructura empresarial con miles de empleados a su cargo y un presupuesto de varios millones de dólares.
Ese era Vaporetto, un hombre que en su sillón de cuero del despacho acristalado de la planta 215, repasaba distraído informes y presupuestos con una extraña sensación de júbilo que no le abandonaba desde aquel trayecto en ascensor.
....sublime lo del atunero argentino!...no doy crédito aún....
ResponderEliminarSIGUE POR FAVOR!!!