Pasaba por ahi

Alguien me contó una vez que si tuviese que escribir un libro de memorias lo titularía Pasaba por ahi. ¿Por que?

Porque afirmaba que todas las cosas importantes que hizo y en las que participó en su vida se le presentaron como oportunidades simplemente por estar "en el momento y lugar adecuados".

Yo creo que era un planteamiento que si bien, no estaba exento de cierto romanticismo, servía para cubrir esa papeleta por la cual parace un crimen reconocer la propia grandeza y se tiende a sepultar los más mínimos atisbos de vanidad, en una montaña de oportunas casualidades.

En cualquier caso esa biografía no existe y si algún dia ve la luz, será desde la artificilidad del narrador en tercera persona, o quien sabe, si tal vez la magia de la palabra escrita rescate la voz de su protagonista.

Tal vez esta Primera nota me impulse algún dia a llevar este proyecto a cabo. Mientras tanto me contento con usar ese Pasaba por ahi como un homenaje, un recuerdo, y sobre todo una invitación a soñar.

domingo, 24 de abril de 2011

PAUSE

La primera vez que entré en aquella casa sentí una oleada de amor y tranquilidad. Allí vivía una FAMILIA de verdad, con un papa, una mama y 3 encantadores polluelos con una habitacioón cada uno llena de juguetes, posters en las paredes, ropa en el armario e ilusión en los ojos.

La casa era amplia y cálida, abarrotada de cosas, todas nuevas y a cual más bonita. Ese dia sentí que por primera vez había descuibierto un HOGAR. Los objetos me parecían grandes y relucientes, nuevos, brillantes, invitaban a que los tocaras, los descubrieras...

Mama, como no podía ser de otra manera, estaba en la cocina, preparando el plato mas delicioso que he comido en mi vida. Mientras tanto el resto de la FAMILIA se aremolinaba nervioso en torno a la mesa, hablando todos a la vez, contando las magníficas experiencias que les había brindado un nuevo dia en el cole y esperando con un nudo en el estómago la vuelta de papa del trabajo, para lanzarse a sus brazos.

Sabían que pronto sonaría la llave en la cerradura y eso significaría que ya estaban todos juntos una vez más. Irían corriendo a recibir a papa, menos la más pequeña a la que le gustaba esconderse para que su padre la descubriera. Como era cándida e inocente siempre se escondía en el mismo sitio, debajo de la mesa camilla del cuarto de estar. Pero como su papá, era uno de los de verdad, por muy cansado que estuviera, o por mucho estres que hubiese tenido que soportar aquella mañana en la oficina, siempre cumplia el ritual de "buscar" a su pequeña por todos los rincones de la casa, mientras hacía "oidos sordos" a las risitas ahogadas que llegaban de las faldas de la mesa camilla.

Marcaba el final de ese juego ritual la suave voz de mama que anunciaba a su FAMILIA que la comida ya estaba servida en la mesa. Y jooooo, ese momento si que era feliz: todos juntos, disfrutando entre risas de una comida deliciosa, no solo por la calidad de los ingredientes y la maestría en la elaboración, sino sobre todo por los "chorros" de amor que mamá había puesto en la elaboración. Amor que se convertía en sabor y del bueno....

Por aquel entonces yo era bastante pequeña de edad, y ser testigo de todo aquello me hacía, aunque tal vez sin darme cuenta, sentirme mas pequeña aún en el fondo de mi corazón. Yo nunca había vivido algo así en mi vida: en mi casa era complicado que nos reuniéramos a comer todos los dias en torno a una mesa repleta y deliciosa. Tal vez algún fin de semana, pero los menos y además si esa situación llegaba no había risas, ni miradas de complicidad entre los comensales, y desde luego los alimentos no eran tan buenos porque nadie se había "derretido" de amor, preparándolos. Así, me había acostumbrado a comer sola, con la única compañía de la televisión y el ver ahora todo aquello, hacía que me planteara que mi vida no era buena, que la buena vida era esa, y que yo simplemente había aprendido a "acostumbrarme" a lo mio mas bien como una medida de superviviencia porque no hubiese podido soportar conocer a esa tierna edad que existia algo tan bonito como lo que estaba viendo ahora en aquella FAMILIA.

Yo no decía nada de todo esto que "apretaba" mi corazón e intentaba con la mejor de las sonrisas, disfrutar de todo aquello, responder a las atenciones que todos me brindaban y sobre todo intentaba dar la sensación de que las recibía como "lo mas normal del mundo", algo a lo que yo ya estaba acostumbrado, porque me daba muchísima vergüenza que alguien de aquel mundo tan "blanco", llegara a leer el oscuro secreto que ocultaba mi alma.

Pasaron los años y poco a poco fui entendiendo con la edad y las experiencias que la supervivencia no era solo algo de lo que sentirse avergonzado, sino todo lo contrario, que era más bien un reto del que uno debia sentirse muy orgulloso. Me "adapte", crecí, me construí un mundo en torno a mi particular FAMILIA y sobre todo en torno a un montón de experiencias vitales, tanto duras como maravillosas, que me ayudaron a convertirme en una persona adulta y sin miedo a vivir. La edad me llenó el cuerpo de alguna que otra cicatriz, y también el alma con otras tantas, pero lo que más me sorprendió en todo este viaje es que la vergüenza aquella que sentía de niña había desaparecida y había quedado sustituida por una especie de paz interior dada por la sensación de saberme un persona que lucha, que pide ayuda y que no tiene miedo a caerse una y otra vez, si sabe que tiene la mas mínima posibilidad de sonreir o ser feliz.

Ya era más mayor y además había crecido...

La última vez que entré en aquella casa sentí una oleada de amor y tranquilidad y gracias a ellas pude "manejar" la sensación de extrañeza y "tiempo detenido" que observé entre aquellas cuatro paredes. Papa y mama sonreían viendo a los mismo polluelos (convertidos ahora en adultos, o por lo menos en seres humanos fisiólogicamente envejecidos), que se "escondían" cada uno en una habitación distinta, pero todas pobladas de sueños rotos. El tiempo se había detenido en aquel lugar y solo se advertía el paso de los dias, semanas, meses y años, en los semblantes y en los muebles quizá algo más viejos. 

Nadie había abandonado la casa en muchos años, y en torno a ella se había construído un mundo paralelo "en apariencia" seguro, pero que se llenaba de grietas conforme pasaban los dias. 

Ya no me sentía pequeña allí, sino todo lo contario, me sentía grande, fuerte y autónoma. Recibía las atenciones con educación, pero sin un agradecimiento exagerado y ya no daba pie a que se generaran caras de compasión en torno a mi pobre vida. Las tornas habían cambiado, o tal vez no... simplemente yo cambié las mias y ellos se quedaron atrás.  

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